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UNA GRIETA EN LA MEMORIA: REBUSCANDO ENTRE ESCOMBROS Y RELATOS DEL TERREMOTO DE 1960 EN VALDIVIA

Imagen 1 Valdivia después del terremoto. Fuente: Held Winkler, Emilio. 1898-1996. Álbum Terremoto de 1960.

 

 

El terremoto de 1960 marcó un antes y un después en Valdivia y muchas localidades del sur del país. Nunca en la historia se había registrado un movimiento sísmico de tal magnitud y extensión, pues según los registros de la época se dice que el temblor se sintió hasta en la capital argentina de Buenos Aires y las olas del tsunami que le siguió llegaron a lugares tan lejanos como Hawái o Japón[1]. En Valdivia el terremoto y sus réplicas, el desborde de los ríos, el tsunami en la costa y finalmente el Riñihuazo, serían parte de una catástrofe que marcaría la ciudad y sus habitantes, tanto en la trama actual de la ciudad como en la memoria e identidad de cada uno de los que habitan de este lugar. Ante el 60° aniversario de este suceso, el presente texto pretende dar una mirada general al terremoto de 1960, abordando diversos temas relacionados, como lo que significó e implicó ese terremoto, el impacto en la identidad y memoria chilena, algunas nociones mitológicas al respecto, registros históricos de fenómenos similares en el pasado de la ciudad, testimonios de aquel día de mayo en 1960 y la experiencia de los rucos como transición de damnificados a pobladores organizados ante la catástrofe.

 

Entendiendo el terremoto

Desde la mirada científica contemporánea, “un terremoto es la vibración de la Tierra causada por una violenta y rápida liberación de energía. Los grandes sismos se producen en los bordes de las placas tectónicas, ya sea porque una se mueve bajo otra o por el deslizamiento horizontal entre ellas”[2]. Bajo este prisma, el terremoto de 1960 tiene características impresionantes, puesto que la placa de Nazca se habría movido 18 metros bajo la placa Sudamericana, en una distancia de 960 kilómetros de norte a sur, desde el norte de Talca al sur de la isla de Chiloé y unos 160 kilómetros de este a oeste, abarcando un área total de casi 384.000 kilómetros cuadrados[3].

Imagen 2 Energia magnitud

Imagen 2 Energía liberada: la diferencia de energía que libera un terremoto grado 9,5 (1960) es muchísimo mayor que la liberada por los terremotos grado 8,2 y 8,8 (1906, 2010). Fuente de imagen y texto: Cereceda, Errázuriz, & Lagos. (2011). Terremotos y tsunamis en Chile: para conocer y prevenir.

La magnitud o energía liberada en este terremoto también es inédita, en la escala actual de Magnitud de momento sísmico (Mw) alcanzó 9,5° Mw, la mayor registrada en la historia hasta nuestros días. Para hacernos una idea, la energía liberada en este evento sísmico es equivalente a 32 mil millones de toneladas de dinamita, siendo entonces este un mega terremoto sin precedentes[4]. En cuanto a la intensidad, que se refiere a la fuerza del movimiento en el terreno y al grado de destrucción del sismo[5], se ha señalado que al menos en Valdivia varió entre VIII grados en la escala de Mercalli en las zonas altas de la ciudad y X grados en las zonas bajas y más cercanas al río[6], lo que implicó que el mayor grado de destrucción en la ciudad fuera en las zonas de declives que dan hacia los ríos o en zonas deprimidas de pequeños valles erosionados y lugares artificialmente rellenados[7].

Memoria e identidad terremoteadas

Pero no solamente el terremoto habría de tener implicancias físicas como evento sísmico, sino que también existen variables subjetivas importantes de visualizar. La identidad nacional de Chile ha sido significada y resignificada con cada terremoto y catástrofe, donde los vínculos sociales y políticos se rearticulan en torno a las diferentes ideas de identidad nacional[8]. En este sentido, la idea de la nación telúrica toma relevancia al asignar el territorio como marco identitario, en el que la sismicidad es parte continua en sus eventos históricos[9]. Nociones como la actitud ante la tragedia del chileno, la solidaridad de la comunidad nacional y la capacidad de reconstrucción y anteponerse al desastre son ideas continuas en los relatos de la nación, que cada tanto son retomadas y actualizadas ya sea de manera conservadora o crítica en diferentes instancias además de los terremotos. Un ejemplo contemporáneo de lo anterior, son las ideas de este periodista en ocasión de los incendios del 2017 que retoman el imaginario de la actitud chilena ante la tragedia[10]:

Cada vez que pasaba por un bosque donde veía camiones de bomberos estacionados, sonaba la bocina del auto y gritaba, puño en alto, “¡arriba Chile, weón!” [sic].

Es que esa fuerza, ese aguante, esa resiliencia con que los chilenos enfrentan catástrofes como esta es contagiosa, inspiradora.

No conocí un bombero frustrado, un ciudadano de mal genio o un damnificado sin esperanza.

El entusiasmo y la solidaridad, por el contrario, fue lo que percibí en los risueños rostros de la gente en las zonas que visité: O’Higgins, el Maule y Bío Bío, las más afectadas del país[11].

 

Imagen 3 Calle-Libertad.-Diapositiva-Sr.-K.-Steinbrugge

Imagen 3 Calle Libertad. Diapositiva Sr. K. Steinbrugger. 1960. Archivo fotográfico de Karl V. Steinbrugge y Rodolfo Schild.

Por otro lado, la memoria de los terremotos es a su vez contingencia e historia, esto porque está latente la posibilidad de experimentar un evento como este en cualquier momento, reactualizando lo vivenciando años atrás por otras generaciones, y a su vez es historia por las modificaciones permanentes en las vidas y territorios que han sido testigos del evento[12]. La memoria de quienes vivenciaron los terremotos del pasado, como el de 1960, es valiosa como punto de partida para el conocimiento de estas experiencias, pero también como pie para un diálogo intergeneracional ante las catástrofes actuales y la manera de enfrentarlas, donde la conexión emocional se encuentra necesariamente ligada a ese momento traumático, pero que también da cuenta de historias personales y colectivas de resistencia[13].

El terremoto mítico

La memoria mítica de los territorios del sur también nos da señales de la presencia de terremotos en las antiguas tradiciones de esta zona. La fuerza de los terremotos está presente en el mito de origen mapuche de Kai Kai y Tren Tren[14], en el que un cataclismo da inicio al mundo y la vida como la conocemos:

Allá en el mar, en lo más profundo vivía una gran culebra que se llamaba Kai Kai, un weza newen, o fuerza negativa, del desequilibrio y el caos. Los mares obedecían las órdenes del culebrón y un día comenzaron a cubrir toda la tierra. Había otra culebra tan poderosa como la anterior, pero que vivía en la tierra. Se llamaba Tren Tren y aconsejó a los mapuches que subieran a los cerros cuando las aguas comenzaran a subir. Así como los mares cubrían la tierra, los cerros comenzaron a crecer. Cuando Kai Kai ya no tuvo más agua disponible, la batalla entre ambas fuerzas terminó. Muchos mapuches no lograron subir a los cerros y murieron transformándose en shumpall (peces). Los que se salvaron, repoblaron la tierra cuando las aguas finalmente se retiraron y el equilibrio fue restablecido[15].

 

Imagen 4 Cai cai tren tren Precolombino maza 18-2

Imagen 4 Esta maza estrellada decorada con una serpiente y un lagarto podría ser una representación arcaica de estos dos poderosos reptiles mitológicos. Cabezal de maza. Museo Chileno de Arte Precolombino Nº 0215. (Mapuche! 1985). Fuente de imagen y texto: Museo de Chileno de Arte Precolombino.

En tierras más australes, el pueblo Selknam en voz de una de sus últimas supervivientes, también nos da indicios de una memoria telúrica, esta vez sobre Karukinka, la Isla Grande de Tierra del Fuego. Según datos arqueológicos, esta isla habría estado habitada desde hace nueve mil años por grupos humanos de cazadores recolectores, pero no se sabe a ciencia cierta cuando llegaron los Selknam aquí[16]. Angela Loij, de madre y padre Selknam y una de las últimas personas que vivenció la cultura de los Selknam a través de sus ancestros[17], cuenta que su pueblo habría llegado a sus tierras cazando y que un gran terremoto los habría aislado, dando origen a Karukinka[18]:

Karunkinka esa tierra que está por allá lejos. Sí, ésa es Karuk. Estaría junta la tierra, sí, [la Isla Grande con el continente], porque estaban cazando guanaco esa gente [los antiguos selk’nam], venían unas cuantas familias y llegarían donde estaba la tierra, creo [en] aquellos tiempos, año, siglos ya. Quedaron aislados, ahí [en la Isla Grande]. Por un terremoto habrá sido que quedaron aislados en esta tierra. Pero éste [hace] siglos de años. Quedaron, hasta que aumen­taron mucho. Sí, mucha gente. Ahí quedó Karuk, sola sí. Karuk[19].

Los terremotos del pasado en Valdivia

En el territorio de Valdivia y sus proximidades, al menos tres terremotos previos al de 1960 han sido registrados entre los siglos XVI y XIX. El primero de ellos del que tenemos conocimiento fue el de 1575[20], en el que la fuerza del sismo derrumbo la primera ocupación hispana de Valdivia y que tiene como similitud con el de 1960 el deslizamiento de tierras en el desagüe del Riñihue, lo que provocó una inundación que destruyo la totalidad de los asentamientos del lugar, según nos relata Pedro Mariño de Lovera:

Cayó a esta coyuntura un altísimo cerro que estaba catorce leguas de la ciudad, y estendiendo la machina de su corpulencia se atravesó en el gran río de Valdivia por la parte que nace la profunda laguna de Renigua, cerrando su canal de suerte que no pudo pasar gota de agua, por la vía de su ordinario curso quedándose la madre seca sin participar la acostumbrada influencia de la laguna… habiendo pues durado (la represa del lago Riñihue) por espacio de cuatro meses y medio por tener cerrado el desaguadero con el gran cerro que se atravesó en él; sucedió que al fin del mes de abril de año siguiente de 76 vino a reventar con tanta furia como quien había estado el tiempo referido hinchándose cada día mas de suerte que toda el agua había de correr por el caudaloso río la detenía en sí con harta violencia. Y así por esto como por estar en lugar alto salió bramando, y hundiendo el mundo sin dejar casa de cuantas hallaba por delante que no llevase consigo. Y no es nada decir que destruyó muchos pueblos circunvecinos anegando a los moradores y ganados, mas también sacaba de cuajo los árboles por más arraigados que estuvieran[21].

Otro terremoto registrado en la época colonial fue el de 1737[22], el que destruyó las murallas de la plaza fortificada de Valdivia, la Iglesia Mayor y otro tanto de las construcciones de la época[23], lo que requirió volver a fortificar la ciudad devastada. Ya en los tiempos de la república, en 1837[24] ocurre otro terremoto de grandes proporciones, del que podemos ver una descripción en este extracto de una carta de Claudio Gay que da cuenta de su destrucción y alcance en diferentes lugares del sur del país

El 7 de noviembre a las 8 horas de la mañana, un temblor se hizo sentir en una gran parte de la República. En el norte fue bastante débil, pero en el sur, y sobre todo en Valdivia y Chiloé, fue de tal manera intenso que al decir de los habitantes no puede comparársele de ninguna manera al de 1835; las personas apenas podían mantenerse en pie; la mayoría cayó. Las casas de Valdivia, Osorno, san Carlos (Ancud), etc., quedaron más o menos deterioradas, pero no destruidas; debieron su salvación a la flexibilidad de la madera de que están construidas y a su poca altura, pero las iglesias, hospitales, cuarteles y otros edificios fiscales, edificados con piedra, quedaron enteramente derribados y destruidos. En Chiloé, el mar estuvo muy agitado, y en el espacio de media hora experimentó tres especies de flujo y reflujo con violenta rapidez. No pudo penetrar en tierra a causa de los acantilados que bordean los alrededores de San Carlos (Ancud), pero en el interior, donde la playa era bastante extensa, cubrió la tierra cerca de un cuarto de legua[25].

Estos testimonios históricos dan cuenta de la potencia de estos antiguos terremotos que marcaron a Valdivia y al resto de Chile, generando grandes daños y una impresión imborrable en quienes lo vivieron. En su visita a Valdivia, Charles Darwin llegaría a reflexionar sobre esta impresión de incertidumbre e inseguridad que provocan estos fenómenos al presenciar el terremoto de 1835[26] que afectó principalmente las cercanías de Concepción, pero que también se habría de sentir en las tierras valdivianas:

Un terremoto trastueca en un instante las más firmes ideas; la tierra, el emblema mismo de la solidez, ha temblado bajo nuestros pies como una costra muy delgada puesta sobre un fluido; un espacio de un segundo ha bastado para despertar en la imaginación un extraño sentimiento de inseguridad que horas de reflexión no hubiera podido producir[27].

Imagen 5 Valparaiso terremoto 1835

Imagen 5 Valparaíso después del terremoto, hacia 1835. Fuente: Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo en el navío de S.M. “Beagle” / Darwin (Carlos) ; traducción por Juan Mateos. Madrid: Calpe, [1921] en Memoria Chilena.

 

Un momento imborrable: 15:11 del domingo 22 de mayo de 1960

Los testimonios de quienes vivenciaron ese día son la mejor manera para expresar el impacto que causó el terremoto en las vidas de miles de personas. Aún cuando quizás el lenguaje no sea capaz de traducir completamente esa experiencia límite[28], las palabras de estas personas permiten transmitir la vivencia y memoria de un suceso sin igual, pero del que todos en Chile tenemos alguna noción o la tendremos al vivir nuestros propios terremotos. Gracias al trabajo realizado por el Grupo de Trabajo Terremoto en 2010 para la conmemoración del 50° aniversario del terremoto de 1960, pudimos acceder a algunos testimonios recopilados que nos expresan vívidamente aquel día del suceso.[29]

Ese domingo de mayo la gente estaba descansando en su mayoría, realizaban almuerzos familiares y los niños aprovechaban de jugar. El día anterior, el 21 de mayo, había ocurrido un terremoto en Concepción que incluso llevó a modificar la cuenta pública de la nación[30]. Todas las miradas estaban puestas en esa tragedia y nada hacía presagiar que lo peor todavía no había llegado. Cada quien se disponía a ocuparse de sus asuntos, sin pensar en el momento que pronto quedaría impregnado en la memoria:

Hacía 4 días que había cumplido 12 años, pero como mi cumpleaños había sido el miércoles, la tía Edith Berkoff, viuda de mi tío Esteban Elorz, me había preparado un almuerzo especial ese domingo 22 de mayo de 1960, en su casa de calle Beucheff [sic], ubicada justo en el final (o principio) de calle García Reyes donde hoy funciona la Asociación Chilena de Seguridad.

Me gustaba mucho ir a la casa de mis primos Elorz ya que ahí nos entreteníamos con un juego inventado por Esteban, que era un fútbol encima de una mesa marcada con una cancha, con 11 jugadores sacados de las fichas de la lotería y una pelotita de algodón. Una especie de Play Station actual, pero no virtual.

Estábamos, recuerdo, mi hermano Boris, los primos Esteban y Ernesto Elorz, Kiko Espinoza y varios amigos más. A las 14.45 sentimos fuerte el primer temblor. Bajamos del segundo piso y fuimos a ver una pequeña muralla que se había caído en calle García Reyes. Volvíamos a la casa cuando, justo en la entrada del antejardín, comienza un ruido sordo, ronco, inmenso, y todo comienza a moverse, y nos caímos al suelo, y el ruido se hizo más y más intenso, ensordecedor. Estábamos ahí, absolutamente desconcertados, todos juntos en el suelo, pero yo con una sensación de soledad inexplicable. Solo ante la furia incontrolable de la naturaleza. Solo frente a Dios. Creo que recé muy fuerte, pero nada se oía. La locura seguía y seguía. De pronto miré calle abajo y todo comenzó a caerse, las casas, los árboles, un automóvil saltaba cómo si fuera de juguete. El aire se llenó de un polvo gris que no dejaba ver ni respirar. Miré a mi alrededor calculando la distancia en que estaba la casa y las del lado y pensé: “aquí estoy seguro, nada puede caerme encima”. Inmediatamente (segundos o minutos después), volví a mirar calle abajo. El espectáculo se volvió aterrador; la tierra se abría y cerraba en grietas largas que casi llegaban a mis pies. Es la única vez que he sentido pánico en mi vida[31].

Jaime Matamala Elorz

 

Imagen 6 Held Winkler 1960 terremoto

Imagen 6 Valdivia después del terremoto. 1960. Fuente: Held Winkler, Emilio. 1898-1996. Album Terremoto de 1960.

Para todas las personas, incluso los niños de corta edad, el terremoto sería un suceso que cambiaría las cosas como las conocían hasta ese día. Con apenas unos cuantos recuerdos de lo que ocurrió, el siguiente testimonio de una persona que vivía en La Unión, con sólo cinco años en ese momento, nos da cuenta de cómo la mirada infantil iba percibiendo lo que sucedía a su alrededor, aun sin entenderlo del todo, pero sintiendo el temor de sus mayores y familiares:

Era muy niño, pero aun recuerdo lo vivido del momento. Vivía en la ciudad de La Unión, tenía 5 años. Había ido a una actividad del grupo de pequeños en la iglesia. Efectivamente, el primer temblor nos sacó del interior de la sala donde pintábamos figuras de la biblia con lápices de colores. Luego vino el temblor inmenso y terrible… creo que nunca lo olvidaré… Nos llevaron al frente de la iglesia donde había algo así como una pequeña plaza… creo que alguien lloraba de miedo.

Yo, de alguna manera, más que miedo estaba sorprendido y extrañado de lo que sucedía… La maestra de aquel momento sí lloraba. Era muy joven pero ella podía percibir el verdadero significado de lo que realmente estaba sucediendo. Miré y el cielo se veía de un color extraño, también en el ambiente había un aroma muy raro. En ese momento, desde mi hogar, que no estaba demasiado lejos, llegó alguien… creo que mamá, y nos llevó a casa.

También recuerdo que durante meses temblaba por la noche, y unas tías que estaban en casa, cerca de la ventana decían “Ya viene, ya viene otra vez…”, como si fuera una sentencia. Largas réplicas nos acompañaban hasta que nos dormíamos[32].

Jorge Astorga Vera

 

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Imagen 7 Bicicleta en puente Pedro de Valdivia. Diapositiva Sr. Rodolfo Schild. Archivo fotográfico de Karl V. Steinbrugge y Rodolfo Schild.

El terremoto no fue sólo en Valdivia, como ya mencionamos, la extensión de este sismo alcanzó casi 1000 kilómetros de norte a sur, afectando a numerosas ciudades y pueblos. Entre estos, los poblados costeros fueron los que sufrieron doblemente por el terremoto y luego el tsunami que azotó las costas del país. En el siguiente testimonio, se nos da cuenta de la memoria traspasada a una nieta de los sobrevivientes en Puerto Saavedra, en el que vemos como la gente del lugar con algunos conocimientos de lo que se venía, se adelantó y previno una gran tragedia humana al alertar y promover la evacuación del pueblo:

Todo el mundo habla de Valdivia como la única ciudad que sufrió con el terremoto del 60. Sin embargo, la gente se olvida que todos los pueblitos costeros de la IX y X regiones sufrieron pérdidas también. Por ejemplo, Puerto Saavedra fue arrasado por una ola gigante y, por tres días, los chilenos dieron por muertos a todos los porteños.

Eso lo sé porque mi abuelo era bombero en ese tiempo en Saavedra. La historia, según me cuenta, es que había en el pueblo un alemán, quien [sic] con algunos conocimientos, sintiendo el aumento constante de los temblores, y viendo cómo de repente el mar se recogía, pidió la ayuda de Carabineros y Bomberos para desalojar el pueblo.

La gente subió al cerro donde estaba (y aún esta [sic]) el cementerio.

Mi abuelo estaba preocupado por su señora y su hija de 8 meses, ya que si pasaban muchos días en el cerro podían pasar hambre, frío, o quizás no podrían darle de comer a su hija (mi madre), ni a los otros dos pequeños hijos de mi abuela (de aproximadamente 7 años).

Fue dramático cuando la ola entró al pueblo y luego, en la noche, se escuchaban las casas chocando entre sí.

Mi abuelo, junto a la policía y bomberos, fue de los últimos en subir. Antes pasó por fuera de su casa para despedirse de sus animales, gallinas, conejos, vacas… los perros siguieron a la mayoría de sus amos.

La gente que vivía en el campo del pueblo, sobre todo habitantes mapuches, llegaron al cerro con alimentos (pan, harina tostada, etc) para poder ayudar a la gente.

Las hermanas de mi abuela y mi bisabuela estaban en Quillota. Como se había dado por muertos a todos los habitantes de la zona de Saavedra, hicieron lo imposible por tratar de viajar en tren a como diera lugar, para llegar y buscar a su hermana e hijos.

El ejército sobrevoló varias veces y varios días el lugar, antes de darse cuenta que el pueblo casi entero estaba en el cerro.

Cuando el ejército logró encontrarlos, se los llevaron a los albergues de Temuco. Mi abuela quedó en Nueva Imperial, ya que mi abuelo la quería cerca. Él se devolvió al pueblo para ayudar a limpiar y recuperar parte de lo perdido. La emergencia sanitaria era alta, ya que había mucho animal muerto.

A 50 años de la tragedia, la naturaleza nos vuelve a recordar que no estamos tan seguros en estas zonas sísmicas, y sin preguntarle a nadie, por precaución, los porteños de Saavedra volvieron a subir a los cerros, por si acaso… algo tan simple, que podrían haber hecho nuestros compatriotas en las localidades del BioBio [sic], pero que, lamentablemente, tuvo tristes consecuencias[33].

Katherine Abarzua

 

 

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Imagen 8 Valdvia después del terremoto. Mirada frente al río. 1960. Fuente: Held Winkler, Emilio. 1898-1996. Album Terremoto 1960.

 

El suceso del terremoto puede quedar constantemente presente debido a sus trágicas consecuencias. La pérdida de familiares y seres queridos marca la trayectoria vital de las personas, y más aún, si es a causa de una catástrofe de grandes proporciones, aquel día infausto queda para siempre en la memoria de los afectados y sus familias, tal como lo señala este testimonio al recordar la tristeza y el dolor de la pérdida en esa jornada:

Lo que ocurrió el 22 de mayo de 1960 ha sido comentario reiterativo en mi vida desde que tengo conciencia. Mi madre, Amelia Torres González, nació y se crió (sic) en la caleta San Carlos, comuna de Corral. Aquel fatídico 22 de mayo ella tenía 39 años. Para mi madre toda su vida posterior al maremoto fue recordar a diario la tristeza y el dolor de haber perdido a su Padre (mi abuelo), Miguel Torres Acevedo, marino mercante. A mi abuelo Miguel se lo llevó una de las olas que dejó destrucción y dolor, sin jamás poder recuperar su cuerpo. Mi madre ya no está con nosotros, pero la recuerdo con todo mi amor y, las cosas de la vida, se fue de este mundo el 22 de mayo del 2009. Me imagino que ya estará gozando de la compañía de mi abuelo. Un recuerdo sentido para todos los corraleños que perdieron a algún ser querido[34].

Rafael Sandoval

 

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Imagen 9 Escombros de los Altos Hornos de Corral. Ruinas de la fábrica producto del terremoto de 1960. Fuente: Memorias del Siglo XX.

 

Los rucos: de la emergencia del Riñihuazo a la vivienda propia

Tras el terremoto, otro peligro se comenzó a asentar sobre Valdivia y sus alrededores: en el desagüe del Lago Riñihue, tres deslizamientos crearon tres tacos o represas naturales que impedían el normal cauce del agua, generando un embalse en el lago que en algún momento podrían estallar abruptamente, inundando campos, pueblos y la ciudad de Valdivia.  Para evitar un mayor desastre, la empresa Endesa sería la primera en iniciar los trabajos, en los que luego contarían con apoyo de la Corfo, ayuda internacional y de los mismos pobladores de las localidades aledañas[35]. Durante cerca de dos meses las noticias acerca del llamado Riñihuazo fueron inciertas, pues no se sabía a ciencia cierta si los esfuerzos por provocar un desagüe contralado tendrían efecto o acaso el agua arrasaría todo con su potencia, tal como sucedió antiguamente en 1575.

Previendo esto, las autoridades de la época desarrollaron un plan que contempló siete zonas de evacuación a las que irían las familias de las zonas más bajas de la ciudad. En este sentido, los campamentos de emergencia fueron ubicados en espacios altos y baldío en las zonas de Las Ánimas, los Jazmines, Picarte y en lo que es hoy el sector Corvi[36]. La Operación Traslado movilizó a cerca de 22.000 refugiados que se distribuyeron en los campamentos Los Jazmines, Huachocopihue 1, Huachocopihue 2, Las Ánimas, Schellas, Menzel y Krahmer[37].

Las familias evacuadas serían establecidas en viviendas de emergencia, los rucos, llamados así en alusión a la ruka, palabra mapuche que significa casa. La firma contratista Nahmias sería la encargada de construir estas viviendas para los campamentos, las cuales tendrían una forma triangular en estructura de madera, cubiertas de latas de zinc, con 3 metros de ancho por 3,6 metros de largo[38]. En su instalación, serían separadas unas de otra por apenas 80 centímetros, y se proyectarían manzanas que serían separadas por calles de entre 2,5 a 3 metros de ancho. Al mismo tiempo, se dispondrían otros cuatro campamentos a base de carpas que podrían albergar entre 400 y 600 personas. Los testimonios recopilados por Bernarda Aucapan[39], nos permiten comprender en palabras de los propios pobladores cómo eran la distribución y las características básicas de los rucos y campamentos:

Claro, repartían los rucos por familia, la cantidad de familia que tuvieras tú en tu casa, por ejemplo si en tu casa eran 7 personas, te correspondía un ruco, si eran más de siete te correspondían dos. Tenían como tres metros de largo por dos metros de ancho. Así que ahí estuvimos viviendo como un año, mientras nos hacían estas casas aquí.

(…) Claro, pasaje B, número 4, pasaje D, número 5, un montón de D con números, como decirte D1, D2, D5, por ejemplo imagínate rucos para allá, ruco para todos con un pasaje tenían su D, número 1, número 2, número 3 y después cambiaba pa’ lla con otra letra del abecedario[40] Vera, 2007. 

Finalmente, hacia el 26 de julio comenzó el desagüe del Riñihue, bajando el nivel del lago y descargando su agua con una potencia que inundaría los pueblos de Los Lagos, Antilhue y Huellelhue. En el caso de Valdivia, el siguiente fragmento es ilustrativo respecto a los estragos del agua:

El barrio Collico, quedó prácticamente sepultado por las aguas. Desde la altura, sólo se divisaban los techos de las casas. Inundados quedaron también los barrios KULMER, AVILA, CATRICO, MIRAFLORES, ARICA Y AGUIRRE. El barrio Estación presentaba un trágico aspecto de desolación y ruinas. El Aeropuerto LAS MARIAS quedó anegado en el sector Norte, por desborde del estero Santa Rosa. En Bueras, las aguas llegaron hasta las puertas del Colegio María Auxiliadora. La Plazuela Pastene quedó completamente sumergida por las aguas; el Balneario Popular convertido en un verdadero mar. (…). Frente a Valdivia, las cosas pasaban flotando en medio de la curiosidad de las gentes que con asombro observaban el doloroso espectáculo[41].

 

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Imagen 10 Vista aérea de Valdivia inundado. 1960. Fuente: Held Winkler, Emilio. 1898-1996. Album Terremoto 1960.

 

Pasado ya el terremoto y el peligro del Riñihuazo, en agosto de 1960 se informó que comenzaría el traslado de los refugiados a sus antiguas viviendas si estas aún estaban en condiciones de habitar. Quedarían en los rucos solo aquellas personas que pudiesen acreditar que perdieron sus casas o que no tuviesen a donde regresar. Una vez concretado el regreso de una parte de los refugiados, se implementó una reducción de los campamentos, pero aun así quedarían 8000 personas en los rucos[42].

La vida en los rucos se prolongaría por más de dos años, aun cuando en principio las autoridades declararon que en apenas cinco meses se tendrían viviendas definitivas para los ruqueños[43]. Las instalaciones eran precarias, no había servicios básicos, el piso era de tierra y los rucos apenas cubrían de la lluvia y el frío, teniendo que acondicionarlos los propios habitantes. Por lo mismo, se debieron distribuir alimentos entre las familias y comenzar una organización de pobladores para exigir apoyo ante las deficiencias sanitarias. Además, se implementaron escuelas de campaña que llegaron a beneficiar a cerca de 1000 niños, aun cuando las condiciones a veces hacían difícil la enseñanza[44]. Los mismos pobladores pueden ilustrarnos un poco las condiciones de vida que les ofrecían los rucos en esa época:

Esas rucas que estaban así no más y no tenían las paredes, después ya el que tenía maderita le ponía altiro y si no le daban algunos rucos eran de cholguan [sic], otros de zinc, a nosotros nos tocó de cholguan, todo de cholguan. A algunos les daban entero, porque a otros le daban medio, la partían por la mitad[45]  Salinas, 2007

A nosotros nos traían el agua en camiones aljibes todos los días, nos traían alimentos incluso, estaba encargado Caritas Chile, en consecuencia, fue todo eso que sufrimos nosotros, teníamos ayuda claro, pero no teníamos la parte medular que eran las casas, y la incertidumbre que tú no sabías a dónde tenías que llegar, cómo iba a ser su destino, no sabías donde empezar[46].Vera, 2007.

La Corporación de la vivienda (Corvi) generaría un plan de 1500 viviendas básicas y mínimas[47], pero el estado de los ruqueños sin capacidad de ahorro y en condiciones económicas precarias debido al desastre, incidió en que apenas un 15% pudiera acceder al primer plan de viviendas que planteaba el organismo estatal[48]. En respuesta a ello, los pobladores organizados comenzaron a hacer presión pública para exigir una solución que ayudará a todos los damnificados, reuniéndose con diversas autoridades e instituciones en la capital. No obstante, recién en mayo de 1961 existió un anuncio hecho por el intendente de la época, Germán Saelzer, declarando una solución definitiva en la que serían erradicados los rucos y se construirían viviendas para ellos. Para este resultado fueron claves las experiencias organizativas de los Comités de Pobladores organizados en cada campamento y el llamado Comando de los Ruqueños, que permitían articular a la gente y generar manifestaciones para presionar a la autoridad:

Ese Comité de Pobladores se organizó en los campamentos donde vivía esta gente anteriormente. Y se llegó aquí haciendo el mismo trabajo, porque allá luchaban por tener casa por fin y se vinieron luchando hasta que se terminaron las casas. En ese tiempo todavía no había Junta de Vecinos y de ahí empezó a trabajar. Después de eso salieron las Juntas de Vecinos[49] Cárdenas, 2002.

Era eso poh, pa’ luchar hasta lograr obtener la casa propia. Yo creo que en mi poca educación ese era el sistema, luchar, reunirlos, hacer reuniones, ir a la Intendencia, a la CORVI, hacer desfiles en la calle, luchar hasta obtener la casa propia. Y no con una mayor costo porque se sabía que todavía quedaban plata de donaciones0[50]Montecinos, 2002.

El anuncio del intendente fue tomado con paciencia por las poblaciones de los campamentos de Los Jazmines, Huachocopihue y Krahmer, pero desde el campamento Menzel no esperarían a la finalización de las construcciones y tomarían la decisión de ir directamente a vivir con sus rucos en los terrenos en que estarían sus viviendas, lo que sirvió como una medida más de presión hacia la autoridad. Finalmente, recién en abril de 1962 las viviendas estuvieron listas y los pobladores podrían salir de los rucos levantados para la emergencia de 1960.

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Imagen 11 Rucos a medio construir. Fuente: Grupo de Trabajo Terremoto. (2010). Rucos en conmemoración de los 50 años del terremoto de 1960.

 

Parte de la importancia de este proceso de organización para la vivienda en el marco de la reconstrucción post terremoto de 1960, recae en que puso en evidencia una crisis habitacional que existía en Valdivia previo al terremoto[51]. También se destaca que, como producto de esta respuesta a la emergencia, las poblaciones que se constituyeron son hoy algunos los sectores más poblados de la comuna, y que marcan un crecimiento urbano importante de la ciudad durante las décadas posteriores a su construcción[52]. Teniendo esto en cuenta, toma relevancia rescatar y visualizar este trozo de la historia valdiviana y las vivencias de los pobladores organizados, primero ante la catástrofe y, luego, ante la necesidad de una vivienda digna. En este sentido, para el año 2010 fue recabada y expuesta la experiencia de los rucos como parte de la memoria histórica de Valdivia gracias a la labor realizado por el Grupo de Trabajo Terremoto, quienes en una intervención pública itinerante expusieron fotografías, testimonios y archivos de prensa de la época, en una instalación física que imitaba la forma de los rucos originales.

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Imagen 12 Paseo Camilo Henríquez, Valdivia, junio 2010. Fuente:La Calleviva (2010).

Conmemorando el terremoto

Lo que hemos revisado aquí da cuenta de las múltiples miradas que nos permiten entender el terremoto de 1960. Como ya ha sido señalado en numerosas publicaciones, fue el terremoto más fuerte registrado en la historia, pero su experiencia no se limita a este dato geológico. Se trató de un momento que transformó la faz de Valdivia y un gran número de otros poblados, haciendo cambiar una imagen de lo que era el lugar que habitaban las personas de un día para otro. En Valdivia se hablaba de un porcentaje de destrucción del 40%[53], retratado en que de las 73 empresas e industrias más importante en la ciudad existentes en el año anterior, solo permanecerían 26 luego del terremoto[54]. ¿Cómo sobreponerse a esa experiencia? ¿Qué pensar ante tamaño descalabro? Al vivir algo similar, Charles Darwin decía que en un segundo se instalaba un extraño sentimiento de inseguridad y se trastocaban las más firmes ideas; volviendo a 1960, el testimonio de don Jaime Matamala habla de una extraña sensación de soledad y pánico ante la catástrofe, mientras que don Rafael Sandoval señala que la experiencia de ese domingo de mayo de 1960 ha sido reiterativa en su vida al perder a un ser querido. La incertidumbre, el temor y la pérdida parecen ser lo constante en las marcas subjetivas de un terremoto.

Pero las ciudades se han vuelto reconstruir una y otra vez desde que tenemos registros de estos eventos: 1575, 1737, 1837, 1960, 2010 y otros tantos años en Valdivia y todo el país han sido testigos de esa destrucción y reconstrucción. Y, por cierto, en todas estas épocas como humanos que somos, seguimos viviendo y haciendo crecer nuestras familias, a pesar de la pérdida importante de seres queridos. Quizás algo de cierto tienen esos lugares comunes de la “actitud del chileno ante la tragedia”, esa idea de la “nación telúrica” chilena.

Entonces, lo natural y necesario en esta fecha del 60° aniversario del terremoto es recordar y conmemorar. Y especialmente esto último, pues la conmemoración como acto nos permite la vinculación racional y afectiva de las actuales generaciones con una historia de la que hacen parte. La memoria de las antiguas generaciones puede ser traspasada y actualizada, integrando un relato común e intergeneracional. Sentimientos, sensaciones, ideas y experiencias compartidas de aquella tarde de mayo del sesenta nos permitirán aprender algo para nuestro presente y futuro. Así también nos lo dice la memoria ancestral indígena, que nos enseña en la historia de Cai y Cai y Tren Tren que se puede y debe recordar el conocimiento de los antiguos. No olvidemos las víctimas de ese día, la increíble destrucción e inundación de la ciudad, los enormes trabajos ante el Riñihuazo ni los esfuerzos de miles de pobladores en los rucos para resistir la adversidad y obtener una vivienda digna. Recordemos y conmemoremos, pues a pesar de no saber cuándo, la tierra se volverá a mover, y será mejor tenerlo presente antes que olvidar la experiencia y darnos cuenta de repente que “ya no hay montañas para huir de Kai Kai Vilu”[55].

Joaquín Reyes Romero

Antropólogo

joaquin.reyes04@gmail.com

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Notas

[1] (Benedetti, 2010).

[2] (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011, pág. 37).

[3] (Benedetti, 2010).

[4] (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011).

[5] (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011).

[6] (Rojas, 2018).

[7] (Rojas, 2018).

[8] (Riquelme & Silva, 2011).

[9] (Silva & Riquelme, 2018).

[10] Una revisión más exhaustiva de estos tópicos puede ser encontrada en la investigación realizada por Riquelme & Silva (2011) y Silva & Riquelme (2018).

[11] (Pardo, 2017).

[12] (Palma, 2014).

[13] (Concha & Henríquez, 2011)

[14] Aquí presento una versión del mito relativamente actual, recopilada por Pedro Cayuqueo el 2010 en ocasión del terremoto de ese año en Tirúa y que se encuentra también citada en la obra de Hernández (2010). Como el mismo Cayuqueo señala, el mito varía según quien lo cuente, pero por lo mismo algunas de las diferentes versiones, adaptaciones e interpretaciones registradas pueden hallarse en las obras de los siguientes autores: (Lenz, 1912), (Foerster, 1993), (Díaz, 2007), (Johanson, 2016).

[15] (Cayuqueo, 2010).

[16] (Chapman, 2002).

[17] En los últimos años han surgido voces que plantean que, a pesar de las horribles matanzas ocurridas en el siglo XIX y parte del XX, el pueblo Selknam no estaría extinto y que critican el enfoque de Anne Chapman que plantea el fin de esta comunidad. Esto es planteado principalmente por los descendientes de los sobrevivientes de este pueblo, con lo que reclaman el reconocimiento como pueblo indígena en Chile (Girolamo, 2018).

[18] (Palma, 2014)

[19] (Chapman, 2002)

[20] Calculado en 8,5° en la escala de Richter y que habría afectado a los territorios de las actuales regiones de Los Ríos y Los Lagos (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011).

[21] (Mariño de Lovera, 1861 [1528-1595] citado en (Hernández, 2010, págs. 56-57)

[22] Calculado en 7,7° en la escala de Richter y que habría afectado Valdivia y desde los territorios de las actuales regiones del Bío Bío hasta Los Lagos (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011).

[23] (Guarda Geywitz, 1953)

[24] Calculado en 8,0° en la escala de Richter y que habría afectado a Valdivia y los territorios de las actuales regiones del Bío Bío hasta Los Lagos (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011).

[25] Carta del naturalista Claudio Gay al Sr. François Arago, Secretario de la Academia de Ciencias, Paris, fechada en Los Andes el 18 de diciembre de 1837, publicada en Feliú, G. y C. Stuardo. (1962). Correspondencia de Claudio Gay. Santiago: Eds. Biblioteca Nacional, pp.21-22 citada en (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011, pág. 46).

[26] Calculado 8,5° en la escala de Richter y que habría afectado a Concepción, los actuales territorios del Bío Bío y las costas del Maule y Los Ríos (Cereceda, Errázuriz, & Lagos, 2011).

[27] (Darwin, 1945, págs. 360-361)

[28] (Palma, 2014).

[29] Lamentablemente, el sitio web que contenía los testimonios de estas personas se encuentra caído. Sin embargo, mediante portal https://web.archive.org/ es posible acceder a registros del sitio de hace algunos años, permitiéndonos explorar de manera limitada el contenido de dicha iniciativa. También es importante destacar la obra 1960 Memorias de un Desastre (Hernández, 2010), que contiene también variados testimonios y que hace parte del proyecto del Grupo de Trabajo Terremoto para el 50° aniversario del terremoto.

[30] (Benedetti, 2010).

[31] (Matamala, 2010).

[32] (Astorga, 2010).

[33] (Abarzua, 2010).

[34] (Sandoval, 2010).

[35] (Hernández, 2010), (Haefele, Olivares, Contreras, Herrera, & Flores, 2018)

[36] (Aucapan, 2015), (Cristi, 2016), (Hernández, 2010).

[37] (Hernández, 2010), (Aucapan, 2015).

[38] (Aucapan, 2015).

[39] (De damnificados a pobladores: historia local de la Población Menzel de la ciudad de Valdivia, 2015)

[40] (Aucapan, 2015, pág. 69).

[41] Olave, Hernán. (1960). Horas de tragedia o el cataclismo de Valdivia citado en (Hernández, 2010).

[42] (Aucapan, 2015).

[43] (Aucapan, 2015), (Cristi, 2016).

[44] (Aucapan, 2015).

[45] (Aucapan, 2015, pág. 69).

[46] (Aucapan, 2015, pág. 69).

[47] “Dos tipos de viviendas, básicas y mínimas. La primera de ella incluía dos ambientes, cocina y servicios higiénicos. Mientras que la segunda constaba de un ambiente, más servicios básicos” (Aucapan, 2015, pág. 76).

[48] (Cristi, 2016), (Aucapan, 2015).

[49] (Aucapan, 2015, pág. 96).

[50] (Aucapan, 2015, pág. 100).

[51] (Cristi, 2016).

[52] (Espinoza & Zumelzu, 2016).

[53] (Benedetti, 2010).

[54] (Almonacid, 2013).

[55] (Mora Curriao, 2019).