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PUEBLO MAPUCHE Y DICTADURA: UNA APROXIMACIÓN DESDE EL TERRITORIO

Pueblo mapuche y dictadura: una aproximación desde el territorio [1]

En la historia contemporánea de nuestro país, la dictadura cívico-militar (1973 – 1989) representa un punto de inflexión que nos permite comprender las causas y motivos de diversas luchas levantadas hoy en día por variados movimientos sociales. Desde el movimiento estudiantil hasta las movilizaciones en contra del sistema de pensiones, organizadas por la coordinadora NO + AFP pareciera existir un consenso general que sitúa el origen de las problemáticas sociales actuales que afectan a la población en el cambio de modelo económico hacia un sistema neoliberal, acontecido en dicha época.

Las implicancias de este tránsito histórico reciente no sólo han afectado a la población chilena. El pueblo Mapuche en general cuenta con una experiencia histórica diferenciada, marcada por un continuo de desposesión y violencia por parte del Estado chileno, cuyo inicio está marcado por procesos como la Ocupación de la Araucanía (1861 – 1883) y la Colonización Alemana de las provincias de Valdivia y Llanquihue (1850 – 1910). A pesar de ello, la experiencia de la dictadura militar significó un punto de inflexión para el pueblo mapuche y lafkenche de la provincia de Valdivia dentro de este continúo de represión y desposesión; constituyéndose como un periodo que, de una u otra forma terminó definiendo de manera importante las luchas contemporáneas del movimiento mapuche dentro de la provincia.

Durante el gobierno de la Unidad Popular, las demandas del pueblo mapuche habían visto avances relativos en relación a la recuperación de tierras usurpadas durante los periodos anteriormente mencionados. Estas recuperaciones se realizaron mediante la vía institucional, expresada en el -recientemente creado- Instituto de Desarrollo Indígena (IDI) (1972 – 1978) y la Corporación de Reforma Agraria (CORA), o mediante la acción directa, a través de las tomas de terreno o las ‘corridas de cerco’ (Pairicán, 2016). Dicho avance, muchas veces en estrecha colaboración con el campesinado chileno y otras organizaciones afines a la izquierda política como el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), se vio expresado en la provincia de Valdivia por medio de la consolidación del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli (1971 – 1988), el cual llegó a albergar unos 3500 trabajadores, tanto chilenos como mapuche, extendiéndose a lo largo de 5 comunas de la provincia.

Este período de avances en temas de recuperación de tierras ancestrales mapuche presentó un término abrupto tras el golpe de estado en 1973. Con el afán de modificar profundamente la forma en que se había llevado a cabo la política agraria durante el gobierno anterior, la dictadura cívico-militar realizó una serie de reformas que impactan de forma importante tanto al campesinado chileno como al pueblo Mapuche. Durante el gobierno de Pinochet, cerca de un 30% de los terrenos que habían sido expropiados durante la reforma agraria fueron devueltos a sus propietarios latifundistas, tierras que en muchos casos formaban parte de aquel avance en recuperación que referido anteriormente. Se instauraron también políticas represivas que buscaban debilitar las organizaciones campesinas que se habían consolidado en los años previos, las cuales tan solo en los primeros tres meses posteriores al golpe militar acabaron con la vida de diecisiete comuneros mapuche en la provincia de Valdivia (Vergara, Mascareño & Foerster, 1996).

A fin de completar el traspaso definitivo hacia un modelo neoliberal en el ámbito agropecuario y forestal, el gobierno militar creó una serie de normativas legales que vendrían a reconfigurar la concepción y relación -que hasta ese momento se tenía- con la tierra y sus recursos naturales, destacando dos decretos de particular relevancia para el pueblo mapuche: el decreto ley N°701, referente al fomento de la industria forestal a través de subsidio estatal, y el N°2568, sobre la división, subdivisión y compra/venta de terrenos indígenas, representaron una fuerte ofensiva por parte del Estado chileno en materia de ‘impulsar’ el desarrollo agrario -en desmedro de las mismas comunidades mapuche-. El primero permitió la instalación de grandes industrias extractivistas privadas y transnacionales en territorio mapuche, constituyéndose la presencia de estas en una fuente de conflicto que continúa hasta la actualidad. En cuanto al segundo decreto, promovió modelos de propiedad individual dentro de las comunidades mapuche, los cuales se impusieron junto con normativas que no sólo autorizaban, sino que facilitaban la antes ‘prohibida’ compraventa de tierra indígenas a terceros. La entrada en vigencia de estos decretos ha representado una amenaza seria a la continuidad de las formas de vida del pueblo mapuche hasta la actualidad.

Frente a estas modificaciones que ponían en riesgo la sobrevivencia del pueblo Mapuche, dentro de las mismas comunidades no tardaron en aparecer organizaciones que alzaron la voz contra dichas medidas. Ya en 1978 la oposición al régimen dentro de los mapuche comenzó a organizarse dentro de los llamados Centro Culturales Mapuche, los cuales dieron paso a la organización Ad Mapu. Desde aquella experiencia de articulación, han surgido una serie de organizaciones que, de una forma u otra, continuaron ofreciendo resistencia al modelo neoliberal aún después de dictadura, incluso cuando otros movimientos de la sociedad chilena habían enflaquecido en su organización y acciones directas (Paley, 2001). Esto ha tenido como respuesta por parte del gobierno chileno por un lado medidas asistencialistas y por el otro criminalización y militarización de los territorios mapuche en resistencia.

El territorio de Valdivia no se ha encontrado ajeno a este movimiento de resistencia. De cordillera a costa, el pueblo mapuche y lafkenche continúa manifestándose en contra de diferentes proyectos extractivistas, que encarnan actualmente el legado del proyecto neoliberal impuesto en dictadura, debiendo enfrentarse a una fuerte represión y persecución. Ello puede observarse tanto en la lucha de más de 20 años que existe en  bahía de Mehuín por evitar la construcción de un ducto por parte de Celulosa Arauco; como también en el territorio Wadalafken, en la costa Valdiviana, donde varios lof en recuperación luchan contra la visibilización histórica de su presencia en el territorio y contra la industria forestal que -en alianza con particulares privados-, representan una severa amenaza al medioambiente a través de la indiscriminada plantación y posterior tala de árboles como el pino y el eucalipto, los cuales en las mismas palabras de los comuneros lafkenche, van secando progresivamente las tierras en donde se encuentran.

Entender estas luchas y por qué se han prolongado durante tanto tiempo, bajo las mismas lógicas de los demás movimientos sociales chilenos, ya sean: estudiantil, feminista, de pobladores, etc. sería caer en una falacia por falsa equivalencia o analogía. Sin caer en esencialismos, -debido a que existen muchas personas que luchan dentro del pueblo mapuche y también dentro de estos otros frentes o movimientos-, es posible afirmar que en el interior del movimiento mapuche existen motivaciones de un carácter cualitativamente diferente que los desmarcan del resto de movimientos sociales, aun cuando continuamente se establezcan alianzas entre los distintos movimientos y puedan compartir ciertos objetivos o fines específicos.

Un elemento sin el cual no se puede comprender la resistencia mapuche es la relación que establece este pueblo con los elementos no-humanos del medio, esenciales para la constitución de sus formas de vida. Ngen es el nombre por el cual los mapuche se refieren a los espíritus dueños de los diferentes elementos de su entorno, con los cuales se establecen relaciones de reciprocidad. De esta forma, existen dueños del mar (Ngenlafken), del fuego (Ngenkütral), de las aguas (Ngenko), del viento (Ngenkürruf), de los cerros (Ngenmawün), la tierra (Ngenmapun) e incluso de las personas (Ngenechen). Así, el pueblo mapuche interactúa y se desarrolla con el medio que lo rodea, pidiéndole permiso a los diferentes Ngen cada vez que van a realizar una acción que le afecte. Esta relación de interdependencia y reciprocidad que establece el pueblo mapuche con los actores no humanos de su entorno se conoce como Itrofill mongen, concepto que muchas veces se asimila a la idea de ‘biodiversidad’.

Estas relaciones constituyen una parte fundamental de las formas de vida mapuche. Sin embargo, con las actuales relaciones de producción que han sido impuestas desde la Ocupación de la Araucanía y reforzadas en dictadura, estas formas de vida y relaciones de reciprocidad se encuentran en riesgo. En un sistema donde la tierra y el entorno adquieren la forma de mercancía, viéndose solo en función de su valor de cambio, los factores que no calzan con estas lógicas, como las relaciones con los diversos Ngen son desechadas con facilidad. De esta forma, la defensa del territorio adquiere una dimensión diferente, ya que, de continuar el régimen de explotación actual, peligra la preservación de los espacios para los ngen y con ello la subsistencia de las formas de vida mapuche.

En este artículo hemos buscado esbozar una respuesta a la pregunta sobre la relación entre el legado de la dictadura y las diferentes luchas del pueblo mapuche. Tal como señala la antropóloga Marisol de la Cadena (2009) muchas veces los marcos de la política de los pueblos indígenas están construidos en términos que exceden los presupuestos de la política occidental. En el caso mapuche, el carácter distintivo de las relaciones de reciprocidad que mantienen con los actores no-humanos de su medio los diferencia de cualquier otro movimiento social chileno, y también nos entrega ciertas luces sobre el porqué la lucha se ha sostenido por tanto tiempo, al posicionar una concepción de los recursos naturales que excede las concepciones occidentales de estos dentro de sus metas y fines. En un periodo donde miles de personas han salido a las calles de Valdivia a manifestarse en contra del modelo económico impuesto en dictadura, es bueno también poner atención a las luchas que ya llevan décadas dentro de la misma Región de Los Ríos, donde muchas comunidades llegan incluso hasta arriesgar su propia vida por defender a la Itrofill Mognen del poder del neoliberalismo. Para las comunidades mapuche y lafkenche de la provincia de Valdivia, la defensa del territorio y sus recursos es en última instancia, la defensa de la vida misma.


Eduardo Barriento & José Joaquín Castro

Licenciados en Antropología Pontificia Universidad Católica de Chile

ebarrientos@uc.cl

jjcastro@uc.cl

Bibliografía

De la Cadena, M. (2009). Política indígena: un análisis más allá de ‘la política’. wan Journal, 4, 139-171.

Pairican, F. (2016). Weuwaiñ: La invención de la tradición en la rebelión del movimiento mapuche. Conflictos étnicos, sociales y económicos, Araucanía (1-33).

Paley, J. (2001). Marketing democracy: Power and social movements in post-dictatorship Chile. Univ of California Press.

Vergara, J., Mascareño, A., & Foerster, R. (1996). La propiedad Huilliche en la provincia de Valdivia. CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena).

 

[1] Este artículo surge del proyecto de investigación académica “Memoria, lucha e identidad Mapuche en Valdivia” desarrollado por José Joaquín Castro y Eduardo Barrientos, estudiantes de Antropología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en el marco de su Taller de Titulación para la habilitación profesional y en colaboración con el Centro de Interpretación Patrimonial De Todas las Aguas del Mundo.

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