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POBLADORES, MEMORIA POBLADORA Y VIDA COTIDIANA EN BARRIOS BAJOS. VALDIVIA 1938-1960

La fotografía corresponde a los Barrios Bajos en los 90´s. Gentileza de Víctor Hugo Toledo Ojeda.

De la gestión del Barrio [1].

Los renovados esfuerzos de la Historia por situar al centro de la narrativa a los sujetos, sus vivencias y experiencia histórica en las ciudades, barrios y territorios ha demandado la utilización de la memoria como una fuente válida en la reconstrucción de identidades barriales. Esto ha permitido oponerse a aquella interpretación del pasado centrado en la materialidad, valorizando lo inmaterial como la propia experiencia del habitar como lo que da sentido a los diferentes lugares de la ciudad.

Barrios Bajos es hoy un espacio muy diferente a como era a mediados de siglo XX, el neoliberalismo y su imposición de nuevas dinámicas urbanas, de trabajo y de vida han ido transformando sus características, y aquel importante pasado industrial que en la memoria sale a la luz no es más que ausencia y reflejo de lo que el Barrio ya no es (Harvey, 2007. Nora, 2008).

los puntos industriales de Chile eran Santiago, Concepción y Valdivia, porque había astilleros, había fundiciones, curtidurías, cervecerías, barracas (…)”. Entrevista a Don Roberto Paredes.

La experiencia de la vida en este Barrio se entrecruza con ese pasado industrial y no se puede omitir en el relato.

Los orígenes de Barrios Bajos tienen que ser rastreados en la ocupación que se dio a este espacio por parte de los colonos alemanes y de otras nacionalidades en el último cuarto del siglo XIX, cuyo uso estuvo determinado por ser espacios de chacras y de pastoreo de animales. Como relata Almonacid (2013) la actividad industrial en nuestra ciudad puede ser indagada en relación con estos años, donde la presencia de astilleros, curtidurías, molinos y fábricas de variados tipos hicieron de la ciudad de Valdivia un lugar que atraía a mano de obra por la importante actividad industrial establecida. Y de este modo Valdivia fue parte de la denominada Cuestión Social Chilena, debido a que a pesar de ser una ciudad pequeña contaba con una importante presencia de población obrera que alimentó de fuerza de trabajo local.

De este modo, este espacio fue uno de los lugares de la ciudad en el que se establecieron por diversos modos los pobladores obreros en el cruce del siglo XIX y XX. Y aquí podemos relatar a través de las memorias familiares aquellos tránsitos o trayectorias que las familias de nuestros entrevistados prosiguieron en la zona sur de nuestro país y particularmente en Valdivia. Por ejemplo, Sra. Auda Carabantes, quien vivió durante gran parte de su vida en la población Arica (zona cercana y con mucha comunicación y relación a Barrios Bajos), relata que su padre:

“(…) vivía acá en Valdivia, mi padre vivió en el campo y a los dieciocho años volvió a Valdivia, él había nacido en Valdivia. Su madre se le murió cuando tenía cuatro años, entonces su padre los regalo a los niños, a mi padre se lo llevo un matrimonio campesino (…) volvió a los 18 años y ahí conoció a mi mamá porque vivía en un callejón que existía antes, está el Di Biaggio, el Canelos y había otro que se llamaba el Bombilla (…) ya no existe ese callejón (…)” (Entrevista, Auda Caravantes)

Dicho lugar donde arrendaba actualmente ya no existe. Según nuestros cálculos, el padre de nuestra entrevistada, debió haber retornado a nuestra ciudad en el año 1943, en pleno ciclo desarrollista. Allí trabajó en la industria maderera Jeanemann y Balanda, en calidad de jornalero. Los orígenes rurales de los pobladores en la poblaciones obreras y populares en la ciudad de Valdivia y particularmente en Barrios Bajos es algo común en los vecinos y vecinas.

Otro de los elementos centrales de la experiencia del habitar en este barrio es la propia realidad natural del mismo. Aquí queremos retomar los relatos vinculados al habitar del barrio y su vínculo con el río y para esto resulta muy importante comprender que esta zona de la ciudad tenía un acceso directo al mismo, no estaba como ahora clausurado su paso por casas o bien instituciones educativas como la Universidad San Sebastián que se ubica donde anteriormente estaba la fábrica de astilleros de IMMAR. El río, antes de los puentes fue un medio de comunicación más que una propia frontera, como se relata:

“El transporte fluvial era todo a máquina a vapor, después llegaron los motores a petróleo. En ese tiempo eran maquinas a vapor que andaban con leña y carbón de piedra y por ejemplo el carbón el Cosque que era para los Altos Hornos de Corral llegaban en estos barcos. Ahora como existía el puerto de Corral no eran los únicos barcos los de la compañía naviera (Haverbeck) los que llegaban; venían de todo el país. Pero siempre había permanentemente dos o tres para el cabotaje en la costa de Valdivia. Llegaba trigo a Corral y había unos remolcadores con unos lanchones, algunos eran de fierro y ahí transportaban el trigo” (Entrevista, Roberto Paredes)

La vida de las personas estaba transversalmente atravesada por este circuito natural, un espacio de esparcimiento, de ritos generacionales, de prácticas de deportes, de pesca y comunicación con otros sectores de la ciudad y también de la región. Como se relata a continuación:

“Yo aprendí a nadar donde está el Astillero de la Universidad (Austral), antiguamente fue de la escuela industrial y posteriormente de la Universidad Técnica (UTE) ahí aprendimos todos los cabros del Barrio a nadar” (Entrevista, Roberto Paredes)

Las personas tenían una relación con el río que representa una forma de habitar esta zona de la ciudad, de apropiarse del mismo no en un sentido capitalista, sino en un sentido de producción de la vida; continuemos con el mismo relato:

“Yo me crie a la orilla del río (…) me lo conozco como la palma de mi mano (…) yo tenía bote y me gustaba pescar. Yo solía ir a pescar hasta Niebla y me iba remando hasta Niebla y en el verano, en vote chiquitito una chalupa iba todo el día remando en realidad (…) íbamos a favor de marea, cuando el río iba bajando nos demorábamos una hora con cincuenta y cinco minuto” (Entrevista, Roberto Paredes)

Estamos así ante unos derroteros interesantes, la cercanía de las familias al río estableció ciertas rutinas que dan cuenta de que el río era un medio de transporte de productos no solo de las industrias y, por ejemplo, era común que las costas de Barrios Bajos fuesen utilizadas para instalar espacios de comercio donde todos podían acceder, esto en parte comienza a aparecer en este relato:

“Yo crecí a la orilla del río, mi juego era salir de esta casa y en un triciclo iba al río y lo traía lleno la parte de atrás con astillas que recogía por la gente que traía leña en botes (…) toda la gente iba llevaba sus mantitas era un picnic un par de horas el día domingo” (Entrevista, Juan Vasquez)

Vinculado con la cita mencionada, también era recurrente que aquellos que vivían en las zonas rurales de la provincia o las islas “bajaran” a la ciudad hasta los puntos de comercio y poder acceder a los almacenes de Miraflores o Barrios Bajos, de esta forma, en el río se vio constantemente un flujo de góndolas, botes y lanchas debido a los almacenes que había en la zona. Las personas que venían desde fuera traían sus productos, ya sean animales, madera, pescado para venderlo y a la vez abastecerse en los locales que existían en estos lugares, y de este modo no tener la necesidad de ir al centro de la ciudad. Por esto, los vecinos del lugar consideran a Barrios Bajos como un centro más de la ciudad, debido al constante flujo de personas y mercancías, la actividad era un constante flujo de personas provenientes de los interiores de Barrios Bajos y del mismo río:

“Aquí había grandes almacenes, se surtía para la gente de las Islas (…) la gente estacionaba sus lanchas por ahí donde estaba IMMAR o en otras partes porque estaba abierto no como está ahora todo cerrado. Usted llegaba y estacionaba su lancha e iba a comprar donde Sarita (almacén) el afrecho, la harina, todas esas cosas, el trigo para sus aves todo. Barrios Bajos era un sector de abasto para la Isla del Rey, Mancera (…) todo eso era una verdadera actividad donde había mucha gente, era la zona de abasto de toda la zona costera”. (Entrevista, Mirna Meza y Luis Sáez)

Esta práctica del habitar y de la vida cotidiana que se vino a establecer en los relatos en relación con río también está presente en las otras zonas naturales del sector de Barrios Bajos. Era común prácticas en relación con la caza y la recolección de alimentos en la zona de los humedales, principalmente el Angachilla. Como puede apreciarse en el siguiente relato:

“Antes era super común que salga usted de caza; de liebres, de perdices, las tortolitas (unas aves que eran parecidas a las palomas) [también] pasaban vendiendo los señores, [que] venían de los fundos, bajaban y pasaban a vender lo que cazaban; incluso sacaban camarones (…) en los riachuelos que había salían salmoncitos o truchas como se les decía; después del terremoto (1960) salían Jarpas (…) Uno si no tenía plata para comprar podía salir y poder ahí conseguir algo, de la naturaleza, ahora eso no ve, ya todo eso es casi relleno”. (Entrevista, Mirna Meza y Luis Sáez)

Había un sistema de comercio establecido en este sentido y en relación con las posibilidades que otorgaba la tierra y la naturaleza misma, un alejamiento de las formas reguladas por las relaciones de capital y el establecimiento de prácticas mucho más íntimas, de confianza y reconocimiento, esto es lo que puede expresar la siguiente cita:

“Uno podía comprar una pierna de cordero o de vacuno (…) nadie controlaba eso; los viejos su queso de chancho, su longaniza; uno compraba su pieza de morcilla lo que sea; no como ahora (…) un compraba las piezas de chancho y había que llevarla al hospital para que le vieran si tenía triquinela [Trichinella] (…) el que venía a vender aquí ya venía con su papelito donde compraban [que estaba limpio] y uno tenía que confiar no más”. (Entrevista, Mirna Meza y Luis Sáez)

También se reconocen otras prácticas en relación con la permanencia de la práctica de orígenes de la ruralidad en la ciudad y el Barrio. Por ejemplo, la construcción de huertas y también la crianza domestica de animales para la alimentación de la familia era un elemento común en la vida del barrio.

“Eso se veía, se hacían huertos atrás de la casa; 35m. tenemos nosotros, son 8×35, se hacía huerta atrás. La lechuga, la zanahoria, el cilantro, el perejil y todas esas cosas. Mi mamá era la loca de los pollos, ella tenía sus pollitos y como la casa antigua se inundaba tanto, criaba patos. Hasta un chancho criamos aquí”. (Entrevista, Juan Vasquez)

Dentro de lo destacado hemos podido adentrarnos sobre la memoria de barrio con una gran relación con la naturaleza, estableciendo una relación concreta no simbólica, sino que se estableció en relación con la vida cotidiana y el propio habitar en este lugar de la ciudad.

A tener en consideración también es importante reconocer las otras prácticas propias de la vida de los barrios. La experiencia de los clubes deportivos ha establecido una importante experiencia en la vida de los pobladores, esto es lo que se establece a continuación:

“había hartos clubes deportivos como el Audax; toda la familia ahí metida yo, mi abuelo, mi papá íbamos a las canchas que había aquí, donde está el Insat, ahí estaba la cancha del Magallanes (…) era todos los domingos ir a la cancha (…) había más espacios para hombre que para mujeres, ellas eran más recatadas más de casa”. (Entrevista, Juan Vasquez)

Otro punto importante a destacar era el rol de las mujeres, antes si me gustaría establecer una aclaración previa  a la cita, en esta entrevista estaba un matrimonio antiguo (una entrevista colectiva) donde el relato surgió hacia las actividades de las mujeres, sin embargo quien se adueñó del relato fue don Luis y no doña Mirna, esto establece ciertas características patriarcales y machistas presentes en su relación pero a la vez que eran sumamente comunes a mediados de siglo XX, lo que no quiere decir que hoy no existan, sino que hay una mayor consciencia de esto gracias a los establecido por el propio movimiento feminista de estos roles. A continuación, lo relatado:

“las mujeres estaban en la vida de la casa (…) las mujeres no eran como ahora que las mujeres salen a pasear a todos lados a sus discotecas, y antes no porque las mamás y los papás eran más así!!! Yo nunca salía a una fiesta o algo así. Yo tenía 21 años y yo aún no salía”. (Entrevista, Mirna Meza y Luis Sáez)

En relación con lo anterior también nos resulta de interesante aquellos relatos que surgieron en torno a prácticas como la prostitución, la venta de alcohol de forma ilegal y la instalación de bares. Estas forman parte de las prácticas de vida en los barrios y no deben ser ajenos al relato debido a que estas son parte de la propia experiencia y a través de este relato podemos reconocer como se expresó esto en Barrios Bajos:

“Si hablamos de cuarenta años atrás o cincuenta también o más, aquí en esta parte estaba la Tioli, estaba la Chancha, estaba otra, la monja y había otra, esa era una de las buenas que había, la otra en Goycolea con General Yáñez era buena. Había bares también, estaba el Eladio Rojas en la calle General Lagos, estaba Magallanes, había fábricas de chicha; los trabajadores de IMMAR, que trabajaba mucha gente, aquí estaba la parte de los astilleros, ahí trabajaban más de quinientos o seiscientos trabajadores. Resulta que salían ellos y había expendio de cerveza, salían a las seis de la tarde y se llenaba de obreros para tomar (…) los harinados por ejemplo (…) a las siete de la mañana, los carretoneros, los trabajadores de IMMAR, los de Weiss, se tomaban una de medio litro y la mentalidad de todos, porque eran tragos reponedores (…) de virilidad”. (Entrevista, Mirna Meza y Luis Sáez)

Hemos venido a presentar aquí la memoria en relación con el habitar, esta es una interesante relación que permite ir descifrando por medio de los propios actores sociales la formas que la vida de barrio y la propia arquitectura y urbanismo de los diferentes lugares de las ciudades que se han transformado, en este caso en Barrios Bajos de Valdivia.  Los relatos nos han dado cuenta de la forma en que se ha venido usando el lugar en relación con la propia presencia de la naturaleza, la que ha permitido el uso particular del río, los humedales y el terreno para diferentes prácticas en relación con la caza, la pesca, la recolección y el cultivo, también la crianza de animales, prácticas comúnmente relacionadas con el campo chileno, pero que podemos ver también tiene trayectorias hacia la ciudad, y no todo puede ser sostenido en la dicotomía entre campo y ciudad, aquella separación oculta ideológicamente estas relaciones. Así como también, es necesario reconocer que el espacio propio de Barrios Bajos permitió la extensión de estas prácticas, el espacio como se planteó al comienzo viene a penetrar en las practicas sociales sobre el territorio.

 

Nicolás Toledo Castro

Alumno del Magíster en Historia del Tiempo Presente UACh

ntoledocastro1@gmail.com

 

Referencias

Almonacid, Fabián. 2013. La industria valdiviana en su apogeo: (1878-1914). Valdivia: UACh.

Harvey, David. Breve historia del neoliberalismo. Editorial Akal. Madrid, España. 2007.

Nora, Pierre. Les lieux de mémoire. Santiago: Trilce, Lom. 2008.

 

Entrevistas

Entrevista individual: Auda Carabantes. (17/07/2017)

Entrevista individual: Roberto Paredes. (26/09/2017)

Entrevista colectiva: Luis Sáez y Mirna Meza. (06/01/2018)

Entrevista individual: Juan Vasquez. (27/12/2017)

[1] Este trabajo es producto de una investigación de pregrado que se desarrolló en el marco del proyecto de investigación de la Universidad Austral de Chile. DID S – 2017 – 49. “Formas de Habitar el Territorio durante el proceso de industrialización Nacional Desarrollista, Barrios Bajos-Miraflores, Valdivia 1938-1973.” dirigido por el profesor Robinson Silva