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1960: TRANSFORMACIONES GEO-SOCIALES Y RUPTURA HISTORICA

Malecón de Valdivia. Al fondo, grúas de la Aduana. Colección Zu-Hause.

          El 22 de mayo de 1960, a las 3 de la tarde con 11 minutos de un día soleado y caluroso que persiste en la memoria de quienes aún viven, un megasismo de 9,5° Richter –el más potente que se haya registrado con instrumentos– arrasó con el centro urbano e industrial más próspero del sur de Chile. Una tragedia natural y social que gravita hasta hoy en la memoria de Valdivia.

             La ciudad había vivido un desarrollo industrial de manera casi ininterrumpida desde el último cuarto del siglo XIX, con el levantamiento de industrias cruciales para el desarrollo de una ciudad enclavada en las riberas de tres imponentes ríos –Valdivia, Calle-Calle y Cruces–: astilleros, molinos, siderúrgicas, curtiembres y cervecerías, entre otras menores como fundiciones y aserraderos. Junto a ellas, una intensa actividad comercial con las casas comerciales de las diversas industrias, en el centro de la ciudad, como las zapaterías Weiss y Rudloff, por ejemplo. Y una ingente exportación de productos a través del importante Puerto de Corral.

            Valdivia era, sin duda, una ciudad que representaba perfectamente la nueva economía que había implementado Chile tres décadas atrás, transitando desde un sistema económico orientado “hacia afuera” (que había dominado desde la colonia hasta la crisis internacional de 1929) que entendía el desarrollo y la modernidad a partir de la exportación de materias primas (plata, salitre, cobre), que sostenían la actividad industrial de países que ya habían alcanzado la revolución industrial y que los requerían para mantenerla. Dicho modelo cedería el lugar –inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial (que provocó un brusco descenso en la demanda europea y norteamericana de materias primas)– a un modelo orientado “hacia adentro”, que buscó el desarrollo basándose en el crecimiento industrial nacional e independiente. Valdivia, en ese proceso conocido como Modelo ISI,[1] era la antítesis y un símbolo de oposición al anterior.

        Luego de la crisis de 1929, el Estado asume un rol económico gestor y planificador del desarrollo industrial –que se ha tendido a sintetizar en la CORFO[2]–. La ciudad vería en ello la continuidad de un ciclo industrial que había consolidado a fines del siglo XIX. Este proceso, con aportes del Estado a industrias específicas, trajo consigo una modernización del espacio urbano a través de la instalación de puentes, nuevos sistemas de alcantarillado, cañerías, pavimentación de calles, creación de nuevas casas para obreros, ampliación del tendido eléctrico, y la creación de una de las primeras universidades independientes en el sur del país: la Universidad Austral de Chile.

            Pese a contradicciones que no es del caso examinar aquí, Valdivia era sinónimo de esa nueva orientación económica.

          Dicho proceso industrial tendrá un final violento, a nivel nacional, a partir del golpe cívico-militar de 1973, una de cuyas motivaciones fue justamente dar fin a dicha experiencia, buscando justificarlo en las aludidas contradicciones del modelo ISI.

            Pero hacía ya poco más de una década que el terremoto de 1960 había frenado bruscamente el progreso de una ciudad que fue el centro industrial más importante de Chile austral.

“Alarma en Valdivia causó la intensidad del sismo. Alarma provoco el fenómeno sísmico registrado en la mañana de ayer en esta ciudad y en general en la provincia (…)  las zonas de Concepción-Chillan como las más afectadas”

           (El Correo de Valdivia, 22 de mayo 1960, p.1).

      Violento había sido el terremoto de Concepción del día anterior, 21 de mayo, que fue en realidad el efecto de dos movimientos, el primero de 8,1° y el siguiente de 7,8° Richter. Pero al día siguiente, los territorios de más al sur devendrían en un paisaje apocalíptico, cuya crudeza no necesita énfasis: 57 años después, el relato de lo que experimentó la ciudad, los registros fotográficos del Correo de Valdivia y otros medios, más el testimonio de hombres y mujeres, aún son un eco fúnebre de los hechos inmediatos y posteriores de aquel día.

          Después de la edición 25.511, del 22 de mayo de 1960, El Correo de Valdivia dejaría de emitir su periódico diario durante una semana, hasta el 26 de ese mes, según lo revela el número de edición, 25.512. En esta portada, El Correo consigna:

“La catástrofe no tiene precedentes. El país desconoce que Valdivia soporta un azote peor que Concepción, Temuco y Osorno”.

          (El Correo de Valdivia, 26 de mayo 1960, p.1).

          En futuras ediciones se destaca la realidad de “Más de mil desaparecidos en los pueblos cordilleranos”.

“El intendente Victor Kunstmann envió ayer las siguientes comunicaciones telegráficas al Ministro del Interior, en las cuales da cuenta ahora de las necesidades imperiosas para que la población pueda soportar la tragedia”.

          (El Correo de Valdivia, 27 de mayo 1960, p.1).

          Luego comienzan a emerger los primeros registros fotográficos de la tragedia. La costanera de la ciudad, en ese año todavía un malecón, desapareció arrasada por la violencia del sismo y la crecida de las aguas, producto del posterior tsunami y con el riesgo de inundación total ante un eventual desborde del lago Riñihue, el así llamado “Riñihuaso”.

        Al conocerse nacional e internacionalmente los alcances de la tragedia, comenzaría   a llegar la tan necesitada ayuda a nuestra ciudad. EE.UU donó un hospital –conocido posteriormente como John F. Kennedy– que, pese a su carácter de emergencia, estuvo al servicio de la ciudad hasta fines de siglo (El Correo de Valdivia, 27 de mayo de 1960, p.1).

        Comienza también a conocerse lo ocurrido en las localidades costeras. El Puerto de Corral ya afrontaba la dramática situación de haber dejado de ser un gran centro industrial –sus Altos Hornos habían sido trasladados a Huachipato en 1958, con gran disgusto de la población–. La incertidumbre económica de esa localidad que había dependido en buena medida de la siderúrgica, tendría un trágico corolario en el devastador tsunami posterior al terremoto.

“La parte baja de esta localidad fue totalmente arrasada por el sismo y salida de mar, ocurrido el domingo pasado. Nueve manzanas de edificaciones desaparecieron totalmente, incluyendo la costanera, y los edificios públicos, la municipalidad, gobernación marítima (…) los daños sufridos por la población son cuantiosos. Numerosas familias perdieron la totalidad de sus enseres al ser arrastradas sus habitaciones mar adentro”.

            (El Correo de Valdivia, 27 de mayo de 1960, p. 3.)

          La población de Valdivia comenzaba a recibir la ayuda que se acopiaba en las pocas escuelas que se mantuvieron en pie, como la Escuela N° 1 de Picarte esquina García Reyes. Recién el 29 de mayo, una semana después de la tragedia

“un sector de la ciudad cuenta con agua potable (…) se trata del área urbana comprendida entre Bueras, Hospital Regional y Escuela Normal”.

           (El Correo de Valdivia, 29 de mayo de 1960., p. 1).

      57 años después no podemos percibir a simple vista los efectos del terremoto en las calles, pero tal vez sí en las transformaciones del relieve de nuestra provincia, en el aumento del nivel de las aguas, en el descenso de terrenos, en nuevos humedales y, sin lugar a duda, en los testimonios de la tragedia.

          Ese devastador movimiento telúrico condujo al desastre a un proceso industrial de casi cien años de existencia, pese a los esfuerzos de reconstrucción y recursos disponibles. La mala administración y el devenir histórico de nuestro país, que pronto abandonaría el esfuerzo de desarrollo industrial para seguir las ideas neoliberales de la escuela de Chicago, serían el fin del glorioso pasado industrial de Valdivia.

          Así, es evidente que Valdivia dio la espalda a ese pasado industrial, para ser hoy una ciudad de servicios, turismo y alguna actividad agrícola y con las nuevas formas de uso de la tierra, con los extensos cultivos de berries y los monocultivos forestales que cubren a las cordilleras. Todo ello ha cambiado el rostro próspero de la industria por un sueño que hoy parece eterno, y que tan bien fue inmortalizado en la canción Valdivia 1960 de Schwenke y Nilo:

“Fue cierto o tal vez un mal sueño, o una pesadilla, tan solo un mal momento.
Y mi ciudad cedió ante la muerte, sus casas y sus bosques, su industria y sus puentes. Se apagó el canto de las aves, el sueño de los hombres, el ronquido maternal de los lanchones. Dónde quedaron las sinfonías de los martillos sobre el metal, todas las fraguas están inertes como el obrero que las movió. Valdivia, el tiempo te ha hecho daño, ese temblor extraño tu canto apagó.”

[1]   Industrialización por Sustitución de Importaciones.

[2]  Corporación de Fomento de la Producción,  creada bajo el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, inmediatamente después del Terremoto de Chillán, de 1939.

Nicolás Toledo Castro

nicolas.toledo@alumnos.uach.cl


Referencias:

El Correo de Valdivia, 22 de mayo 1960

El Correo de Valdivia, 26 de mayo 1960

El Correo de Valdivia, 29 de mayo 1960

Schwenke y Nilo, Valdivia 1960.